Credo

La Biblia

Creemos que los 66 libros de la Biblia son la palabra inspirada por Dios (2P.1:21, 2Ti.3:16), libres de errores y contradicciones en los manuscritos originales; que muestra su validez por su infalibilidad histórica, arqueológica, científica, profética y por el diseño y la forma en la que fue codificada. Este libro, la Biblia, es la suprema fuente de autoridad que regula la fe (Ga.1:8-9) y la vida en general, y debe tomarse lo más literal posible, con excepción de las obvias figuras de lenguaje que aparecen en el texto.

Dios

Creemos que hay un solo Dios (Dt.6:4, Mr.12:29, Is.45:5, 44:6), Eterno (Is.57:15), Justo (Sal.19:9; 96:13; Lv.19:36; Pr.16:11; 17:15; Ex.23:7; 34:7; Nah.1:3, Ro.2:6), Amoroso (1Jn.4:8,9,16,19; Jn.3:16; Ro.5:8,19, Tit.3:3-5), Santo (Ap.4:8), Creador de todo lo que existe (Jn.1:3; Col.1:16,17), Omnipotente (Je.32:17, 27), Omnisciente (1Jn.3:20), Omnipresente (Sal.139:7), Fuente de toda verdad (Dt.32:4; Sal.19:9; 119:86, 160, Ro.3:4; Nm.23:19; He.6:18), único digno de recibir adoración, toda nuestra devoción (Gn.24:26; Ex.4:31; 2Cr.29:28; 1Cr.29:28; 1Co.14:25; Ap.7:11; Mt.22:37), y servicio (Mat.4:10; 1Co.6:19; Fil.3:7; 1Tes.3:7; 1Tes.1:9; He.9:14), ante quien no hay ningún otro dios ni antes ni después en toda la existencia, en todos los lugares, en todo el tiempo (Is.43:10; 44:6; 44:8; 1Ti.1:17). Creemos que Dios existe simultáneamente y distintivamente en al forma de tres personas (Mat.28:19; 2Co.13:14; Ef.4:4-7; 1Pe.1:2; Judas 20-21): El Padre, el Hijo (Jesucristo), y el Espíritu Santo, y estos tres son un Dios, teniendo la misma naturaleza, atributos, y perfección, dignos de la misma honra, gloria y adoración.

Espíritu Santo

Creemos que el Espíritu Santo es la tercer persona de la Trinidad, y por lo tanto Eterno (He.9:14); Omnipotente (Lc.1:35); Omnipresente (Sal.139:7-10), etc. Creemos que no es una energía o poder sino una persona que, como el resto de los integrantes de la Trinidad, posee voluntad (1Co.12:11) sentimientos (Ro.15:30), puede hablar (Hch.8:29; 13:2), se le puede entristecer (Ef.4:30) insultar (He.10:29), mentir (Hch.5:3), resistir (Hch.7:51), blasfemar (Mt.12:31) y se ha manifestado corporalmente (Lc.3:21-22).

El hombre

El hombre (ser humano) es un ser creado a la imagen y semejanza de Dios (Gn.1:26). Adán, el primer hombre, sin embargo, por un acto de desobediencia, cayó de la gloria de Dios (Ro.3:23). Esta naturaleza caída, que le da al humano un corazón corrupto con una inclinación natural a cometer pecado (Gn.6:5), fue heredada al resto de la humanidad afectando todas las áreas de la vida (Sal.51:5). Todos, por lo tanto, han pecado, y no hay justo ni aún uno (Ro.10:9-10). El ser humano en su estado caído no puede sujetarse a la ley de Dios (Ro.8:7-9), lo hace objeto de Su ira (Col.3:6; Ro.1:18; 2:5), y lo somete al poder de Satanás (Ef.2:1-3; 1Jn.3:8).

Jesús

Creemos que Jesús es Dios, el Verbo, hecho hombre, y por lo tanto, una persona poseedora de dos naturalezas: completamente Dios y completamente hombre (Fil.2:5-11; Col.2:9; 1Tim.3:16; He.1:5-13; Jn.1:1-3,14). Durante el gobierno de Augusto Cesar (Lc.2:1), nació como linaje de David, Rey heredero al trono de Israel (Lc.1:30-33) y Sacerdote por la orden Melquisedec (He.6:20). Aunque en su naturaleza humana fue tentado, nunca cometió pecado ni se halló maldad en él (He.4:15). Padeció y entregó su vida como rescate por la humanidad y la creación (Is.53), fue resucitado por el poder del Espíritu Santo (He.8:11) y constituido como Señor de todo (Mt.28:18; Fil.2:9-11), y subió al cielo (Hch.1:9), y está sentado a la derecha del Padre (He.10:12); y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin (Dn.7:13-14)

Nacimiento Virginal

Creemos que Jesús fue concebido milagrosamente en la virgen María por obra del Espíritu Santo (Lc.1:31,34-35), y nació como el primogénito de su familia, es decir, Jesús tuvo más hermanos nacidos de María producto de la unión entre ella y José (Mt.1:25; 12:46; 13:55; Lc.8:19; Mr.3:31; Jn.7:1-10; Hch.1:14; Ga.1:19)

Redención sustitutoria

De tal manera amó Dios a la humanidad que, renunciando a sus privilegios divinos, se rebajó voluntariamente tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los seres humanos (Fil.2:5-8); y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo tomando nuestro lugar y cargando nuestros pecados en la cruz (1Pe.2:24). Se convirtió en pecado a favor nuestro (2Co.5:21), muriendo en nuestro lugar y sufriendo las consecuencias que nosotros merecíamos por haber quebrantado su Ley (Is.53:4-6): muerte física (Ro.6:23) y muerte espiritual (Is.59:2). Como resultado, la justicia de Dios fue satisfecha y los creyentes cristianos somos liberados del castigo eterno. (1P.3:18; Mt.1:21; Romanos 5; 1Jn.2:2). Por su esta obra, la deuda que nuestro pecado produjo en nuestra contra, ha sido cancelada (Col.2:14)

Juicio Eterno

Creemos que Dios ha establecido un día en el que juzgará con justicia a toda la humanidad que ha existido (Hch.17:31, Ap.20:11-15) y que no aceptó el juicio sustitutorio en Jesús (Col.2:14). Dicho juicio se ejecutará por medio de Jesucristo (Hch.17:31, Ro.2:16) y su iglesia (1Co.6:2-3, Ap.20:4), y se realizará en base a las obras e intenciones del corazón que cada persona tuvo mientras vivió en la tierra (Ro.2:5-16). Este juicio determinará el nivel de castigo y tormento que sufrirá por la eternidad apartado de la presencia de Dios (Mt.11:21-24). Los creyentes redimidos serán juzgados aparte para determinar, no su castigo, sino las recompensas que tendrán por sus obras realizadas en la tierra (1Co.3:8-15; 2Co.5:10).

Resurrección

Creemos que Jesús, después de haber estado tres día en la tumba, resucitó de entre los muertos en el mismo cuerpo físico (Lc.24:39-43) en el cual murió aunque glorificado y que vive para siempre (Ro.6:9-10). Los creyentes redimidos por su sangre que hayan muerto resucitarán para vida eterna en su segunda venida, igualmente, con un cuerpo físico glorificado (1Co.15); el resto de la gente resucitará al final del reinado milenial de Jesús para ser juzgados y condenados por la eternidad (Ap.20:5,12-15; Dn.12:2)

Salvación

La salvación es ser salvo del justo juicio de Dios sobre el pecador; es el ser declarado legalmente justo por Dios (justificación). Esto no se consigue con buenas obras u obedecer los mandamientos (Ro.3:28; Ga.2:21), pues por las obras de la ley ningún ser humano será justificado (Ro.3:20; Ga.2:16). La salvación se recibe solamente por gracia, como un regalo de Dios (Ef 2:8-9), a través de la fe sola por la obra de Cristo (Jn.3:16; 6:29) y no por buenas obras que pretenda hacer el hombre (Ro.4:1-6, 3:24).

Regeneración

Creemos que la obra de regeneración es una obra de Dios que ocurre por fe. Esta regeneración significa que la persona ha sido hecha una nueva creación (2Co.5:17), a muerto en Cristo (Ro.6:1-7; Col.3:3) y nacido de nuevo por el Espíritu (Jn.3:3-6), y por consiguiente ya no buscan complacer al pecado, aún cuando pueden caer en éste, sino que guerrea contra él y se arrepiente de éste delante del Señor, avanzando así en la obra de santificación en su vida (Ro.8:9).

Santificación

Creemos que la santificación es el proceso por el cual el Espíritu nos hace más semejantes a Cristo en todo lo que hacemos, pensamos y deseamos, y aumento discernimiento (madurez) y nuestra habilidad de arrepentirnos de pecado, por la gracia de Dios (1Tes.4:7; Ef.2:10; 1Tes.5:23; 1Pe.3:15; 2Tim.2:25). Este proceso dura toda la vida del cristiano y es el resultado de la salvación (no el requisito para está).

La iglesia

Creemos que la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, está formada por todos los verdaderos creyentes al rededor de mundo indistinto de la denominación a la pertenezcan o a la congregación a la que asistan (1Co.1:2); también Dios llama Su iglesia, al la congregación donde Su Palabra es predicada, donde el bautismo y la Cena del Señor son administradas, donde los creyentes son discipulados y disciplinados y donde los creyentes sirven para edificarse entre sí. (Mt 16:18).

El rapto

Creemos en el inminente regreso de Jesús en las nubes en donde, aquellos que han muerto en Cristo y aquellos cristianos que estén vivos, serán físicamente levantados para reunirse y estar con Él para siempre. (1Co.15:51-52, 1Ts 4:16-5:2).

Segunda Venida

Creemos que Jesucristo regresará en forma corporal (Zac.14:4; Ap.19:11-21; Hch.1:11) con todos los santos con él (Judas 1:14,15; 1Ts.3:13; Ap.19:14; Zac.14:5), con gloria y majestad para hacer guerra contra todas las naciones que se levantaron contra él y su pueblo (Ap.19:15-21; Zac.14:3,12). Todo ojo lo verá (Ap.1:7), tomará el trono de David y reinará sobre el mundo entero (Zac.14:9; Ap.11:15).

Satanás

Creemos que Dios creo a un innumerable grupo de santos seres espirituales conocidos como ángeles. Uno de ellos, Lucifer (hijo de la mañana), el más alto de su rango, pecó con orgullo, convirtiéndose en Satanás (Is.14:12-17; Ez.28:11-19; 1Tim.3:6). Un gran número de ángeles lo siguieron en su pecado (Ap.12:4). Parte de ellos fueron reservados en prisiones hasta el día de su juicio (1Pe.2:4; Jud.6); y el resto se convirtieron en demonios que permanecen activos como agentes, asociados y organizados del reino de Satanás (Ef.6:11-12; Mat.12:24-27), el cual se se opone a Dios. Creemos que de Satanás surge toda práctica encaminada a sustituir a Dios y lo que Él nos provee directamente (de forma natural o sobrenatural), por medios espirituales alternos no autorizados en la Biblia. En otras palabras, para que no acudamos a Dios, se ha convertido en un proveedor espiritual alterno que ofrece lo mismo que Dios: protección, dirección, sanidad, consolación, paz, poder, provisión, revelación espiritual, conocimiento del futuro, contacto con el mundo espiritual, quien abogue por nosotros, salvación, dones o habilidades, etc., pero por por medio de toda práctica ocultista, pagana, idólatra y demoníaca (Dt.18:10-14; Lv.19:26; Ap.9:21; Hch.19:19; Dt.32:17; 1Co.10:20; Ga.1:8-9).

Moralidad

La homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, pedofilia, la bestialidad, la necrofilia, el cambiarse la forma de vestir (el hombre como mujer y la mujer como hombre), intercambio de esposas, pornografía, fornicación, adulterio, orgías, prostitución, envidias, homicidios, borracheras, odios, engaños, malicia, maledicencia, pleitos, arrebatos de ira, deslealtad, ser despiadado, la estafa, calumnia, soberbia, arrogancia, rebeldía a las autoridades, codicia, idolatría, brujería, ocultismo, son todas prácticas pecaminosas de las cuales la Biblia advierte que los que practican tales cosas merecen la muerte y no heredarán el reino de Dios. (Ro.1:18-32; 1Co.6:9-10; Ga.5:19-21; Ap.21:8). A los tales no los odiamos, sino al contrario les imploramos como si Dios lo hiciera por medio nuestro: “En el nombre de Cristo, por favor, dejen sus malos caminos y vuelvan a Dios (2Co.5:20), si sus pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos, si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como la blanca lana (Is.1:18).”

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